Los CMS no hacen magia

Publicado el por Alejandro Mut

No hay dudas acerca de la importancia de implementar un buen sistema de gestión de contenidos (o CMS por su sigla en inglés de Content Management System) para asegurar la sustentabilidad y escalabilidad de un proyecto Web. Sin embargo muchas veces nos encontramos con expectativas sobredimensionadas (o malinterpretadas) acerca de las posibilidades que ofrecen estos sistemas, en particular en cuanto a la independencia del cliente final.

Es común encontrarse con quienes desean que personal no técnico pueda manejar con total independencia un sitio implementado con un CMS, añadiendo y quitando funcionalidades, alterando el diseño o reestructurando completamente el contenido. Esto no es así, y es importante dejarlo claro desde el comienzo de un proyecto, sino antes.

El principal problema reside, principalmente, en definir qué es exactamente un CMS. Un CMS es básicamente un sistema que permite una organización racional de los componentes que integran un sitio Web y que proporciona un manejo más o menos simple e intuitivo de las tareas de cada integrante del equipo de trabajo. Claro está que, dependiendo del proyecto, el sistema debería hacer mayor o menor énfasis en distintas prestaciones, facilitando las tareas más repetidas y requeridas en cada caso específico. Por lo tanto, un CMS no sustituye los distintos roles sino que hace más eficiente el trabajo de cada uno.

Ya hemos sufrido los efectos de los generadores milagrosos de sitios Web; a fines de los 90, la profusión de sitios "hágalo usted mismo" creados con herramientas como Microsoft FrontPage hicieron de Internet un lugar bastante caótico y poco profesional. Esto cambió rápidamente al tornarse en un entorno más competitivo donde quedaba poco espacio para estos emprendimientos caseros. Hoy, en cambio, los CMS híper simplificados (algunos ofrecidos como servicio online, tales como WordPress) permiten implementar un sito sencillo pero de calidad en pocos pasos. La carga de contenidos es intuitiva y no hay posibilidad de afectar el correcto funcionamiento técnico del sistema.

Pero, naturalmente, su flexibilidad es muy limitada. El modelo de arquitectura de información que ofrecen (básicamente un blog estándar) no puede ser alterado significativamente de forma práctica. Y es que siempre estaremos ante un balance: flexibilidad versus simplicidad.

Pero el tema no es únicamente si un CMS permite hacer o no cambios profundos de manera fácil, sino las consecuencias y las razones para dichos cambios. Quien tome las decisiones debe conocer las consecuencias a nivel de usabilidad, navegabilidad, posicionamiento en buscadores, accesibilidad y comunicación, además de ser capaz de mantener un diseño armonioso, cuidado y profesional. La variedad de especializaciones que se deben cubrir para que los proyectos en Internet sean competitivos y rentables es tal, que es al menos poco práctico intentar ser un experto en todos si ese no es el foco central de su negocio.

Claro, es natural no querer sentirse rehén de nadie o buscar evitar más inversiones después de hacer un desembolso en un nuevo sitio. ¿Qué mejor entonces que hacerlo uno mismo? Muchas veces, en el ansia de preveer todos los posibles cambios que puedan surgir y optar por un sistema que permita a cualquier usuario realizarlos, se acaba implementando soluciones excesivamente complejas y que muchas veces condicionan las características de un sitio. Además esto suele incrementar el costo inicial y compilar innecesariamente las tareas rutinarias, lo que de por sí constituye un costo adicional en tiempo y recursos.

En la mayoría de los proyectos corporativos o de comercio electrónico estándar, se requieren pocos cambios radicales de forma frecuente. No es necesario intentar instalar un sistema que permita al usuario final del CMS tener el control total. Simplificar al máximo las tareas cotidianas es mucho más beneficioso y estimula a una actualización más frecuente de los contenidos, dando más vida y valor al sitio. Las tareas ocasionales de cambios más profundos pueden ser realizadas por personal técnico capacitado, asegurando que se mantenga la calidad del sitio y de hecho reduciendo los costos y maximizando el retorno de la inversión.

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